El consumo de substancias derivadas del cannabis (Cannabis sativa), como el hachís y la marihuana, está extendido mundialmente. En total, más de 400 compuestos diferentes se han detectado en diferentes especies de plantas de cannabis, incluyendo su sustancia más activa: el tetrahidrocannabinol.
En el ámbito del deporte, su popularidad entre los más jóvenes como una droga social (11,2 – 16% de jóvenes europeos de entre 15 y 24 años, y de 18 nacionalidades diferentes afirman haberlo consumido en el último mes) sitúa al cannabis en la cabeza de la lista de compuestos detectados por la lucha contra el dopaje en laboratorios acreditados por la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) en todo el mundo.
Por este motivo, el cannabis está en la lista de sustancias prohibidas en la práctica del deporte desde el año 2004. Muchos defensores de esta planta como “terapia natural”, están en contra de su inclusión en dicha lista pues su efecto como potenciador del rendimiento deportivo aún no ha sido probada de manera clara. Sin embargo, si atendemos a los criterios de inclusión de una sustancia prohibida en la lista de la WADA, veremos que:
“Se considera sustancia o métodos prohibidos todos aquellos con el potencial para:
(i) mejorar el rendimiento;
(ii) poner en riesgo la salud de los deportistas; y
(iii) violar el espíritu del deporte.” (WADA, 2015)
Aunque muy debatido durante la elaboración del Código, y sus versiones revisadas hasta 2015, los comités científicos de la WADA, la gran mayoría de deportes y representantes gubernamentales están de acuerdo sobre la inclusión del cannabis en la lista; lo cual no quiere decir que no siga siendo con frecuencia debatido.
¿Por qué su uso?
La característica principal del uso recreativo de cannabis es que produce una sensación de euforia con disminución de la ansiedad y aumento de la sociabilidad; por lo tanto, puede aliviar el estrés generado por una competición deportiva.
En contraposición, también pueden producir reacciones contrarias: incremento de la ansiedad, pánico severo, o trastornos como paranoia y psicosis, entre otras (especialmente entre sujetos ansiosos y/o psicológicamente vulnerables).
Cualesquiera que sean los efectos percibidos por un individuo concreto, estos se producen con más frecuencia (especialmente los segundos) después de su uso oral que después de fumar.
Los efectos psicológicos “positivos” agudos del cannabis en el ámbito deportivo han sido descritos por algunos deportistas:
1. Eficaz para la relajación y aliviar tensiones respecto a las presiones sociales.
2. Mejora en la cantidad y calidad del sueño.
La explicación se puede aproximar en la actualidad pues nuestro conocimiento sobre la farmacología de los cannabinoides (receptores, vías de síntesis, enzimas, etc…) ha aumentado enormemente.
Los principales receptores de la sustancia activa se denominan CB1 y CB2:
• El CB1 se encuentra principalmente en el SNC, en alta densidad en la corteza cerebral, el hipocampo, la amígdala, el cuerpo estriado, el cerebelo y las áreas funcionales asociadas con el comportamiento.
Ello explica los efectos psicotrópicos más comunes de la marihuana y las afecciones cognitivas por intoxicación y uso prolongado: deterioro de la memoria a corto plazo; déficit en la inhibición motora, toma de decisiones y control inhibitorio; o comportamientos más intransigentes, introvertidos e indiferentes respecto a antes de iniciar su consumo.
• El receptor CB2 se encuentra situado principalmente en la periferia, y tiene un papel crítico en la inmunomodulación y el efecto analgésico que produce.
Estos son los responsables de que se pueda esperar una mayor percepción sensorial, pero también se han descrito sensaciones de cierta pesadez y fatiga excesiva de las extremidades.
Estos receptores parecen estar involucrados también en la respuesta fisiológica al ejercicio pues el consumo de cannabis produce desequilibrios en la capacidad de cognición y rendimiento psicomotor y deportivo.
1. Por ejemplo, se ha demostrado concretamente que fumar un único cigarrillo de marihuana 10 minutos antes de un entrenamiento o prueba, reduce el rendimiento (tiempo) del ejercicio máximo hasta el agotamiento alrededor de un 6%.
2. La frecuencia cardíaca (taquicardia pre-ejercicio) y la presión arterial (sistólica y diastólica) se elevan significativamente en reposo tras haber fumado marihuana y antes de realizar ejercicio. Una vez que se comienza a realizar el mismo, aunque la fuerza desarrollada puede mantenerse al mismo nivel que alguien que no hubiese fumado, el esfuerzo percibido y la capacidad de trabajo físico se reduce hasta en un 25%.
El fallo muscular y la fatiga, por tanto, se alcanzarían antes que en condiciones de control (sin haber fumado). A medio-corto plazo, el progreso se convertiría en algo difícilmente viable pues el sistema nervioso en su conjunto estaría sobresolicitado en unas condiciones que realmente no deberían provocarlo.
Dependencia y abstinencia
Según aumenta su uso, provoca dependencia y adaptación (se necesita más dosis para los mismos efectos que al comienzo de su uso). En estos casos, algunos de los efectos secundarios ya han sido descritos en párrafos anteriores, pero completando la lista, alucinaciones, una alteración de la percepción de la realidad, y una marcada reducción en la concentración son parte de ellos.
Especialmente destacable es el descenso en la capacidad de concentración y de responder a estímulos (más lentitud en reaccionar) pues una vez que se comienza su uso o se acude a él para mejorar el rendimiento, precisamente se busca todo lo contrario: aumentar la concentración para responder más rápidamente.
Además, como el consumo más común de marihuana es la inhalación por combestión (fumada), esto sólo puede tener consecuencias negativas en el rendimiento deportivo y la salud: efectos perjudiciales en los pulmones, cavidad oral, y tracto respiratorio superior; y una reversibilidad de los efectos analgésicos deseados en un principio mediante la taquicardia prolongada.
Cortar la dependencia de una droga es difícil, pero se ha demostrado que el rendimiento deteriorado observado durante el uso crónico de cannabis puede volver a su línea de base después de un periodo de 28 días de abstinencia sostenida.
Conclusiones
Como bien se expone en la revisión al uso del cannabis en relación al deporte, parece ser que los principales motivos para acudir a él son:
1. Evadirse de presiones sociales que causan estrés y deterioran el sueño y la recuperación.
2. Mejorar la concentración mediante una mayor relajación en situaciones competitivas.
Ni que decir tiene que hay una gran parte de la respuesta fisiológica al ejercicio que recae en el sistema nervioso periférico, pero el sistema nervioso central (SNC) es el centro modulador de la respuesta, de la capacidad de concentrarse, de evadirse de las opiniones sociales negativas y de manejar el estrés al que pueda estar sometido un deportista en una determinada situación.
Acudir a este tipo de substancias demuestra una mentalidad no suficientemente fuerte para el nivel deportivo de quien lo consuma (sin entrar en valoraciones sociales). La psicología es una ciencia a la que se da poca importancia en el deporte, especialmente en el recreacional, en comparación con otras; pero no por eso significa que no debiera ser tratada al nivel de otras (fisiología, anatomía, biomecánica…
La mente hay que entrenarla. Estamos llenos de conexiones NEURO-musculares. Aprender a manejar todo tipo de situaciones, ya sean positivas (victorias, consecuciones y logros) y negativas, sin atentar contra la salud y la moral deportiva forjan al verdadero deportista hacia el éxito.
ESPERO LES AYA SIDO DE GRAN AYUDA, COMPÁRTELO!! ... ESPERO SUS COMENTARIOS Y SUGERENCIAS... GRACIAS !!
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